No son inteligentes, son golfos






“Nada perjudica tanto a una nación como que la gente astuta se haga pasar por inteligente” (Francis Bacon)





    He conocido algunos médicos que se dedicaron a la política y ninguno era un doctor excelente.
    He oído hablar de un médico que llegó a dirigir un partido político nacional y había estado antes en el Laboratorio de Microbiología del Hospital Clínico de Santiago de Compostela. Alguien que trabajó con él me contó que estaba todo el día hablando de política y que no la hincaba.
    Usted puede pensar que aunque los que se “dedican” a la política no sean inteligentes pueden ser buenas personas, y que se "meten" para mejorar las condiciones de vida de sus conciudadanos. Pues le contestaré con una frase del premio Nobel Coetze, que leí en un fenomenal artículo, “Sobre la casta política”, de Manuel Mandianes en el diario El Mundo: “Es inocente pensar que nuestros gobernantes nos conduzcan a un futuro mejor”, y con la cita que hace a continuación del pensamiento del famoso escritor portugués Fernando Pessoa: “En la vida de hoy, el mundo solo pertenece a los estúpidos, a los insensibles y a los agitados. El derecho a vivir y a triunfar se conquista hoy con los mismos procedimientos con que se conquista el internamiento en un manicomio, la incapacidad de pensar, la amoralidad y la hiperexcitación”. Manuel Mandianes dice en su extraordinario artículo que no quiere ser tan pesimista como ellos. Permítame ponerme en primera persona para decirle que comulgo bastante con lo que dicen Coetze y Pessoa, aunque no sé si mi acuerdo con lo que dicen es pesimista u optimista, y, por supuesto, aceptando que la excepción modifica la regla.
    Usted puede decirme ahora, como que dicen los comentaristas o tertulianos de radio y televisión, que no se puede generalizar porque la mayoría de los políticos o muchos de ellos son decentes. Y tal vez tenga razón, pero cuando surge este comentario me recuerdo siempre de las palabras de un excelente cirujano del Hospital Valdecilla de Santander, donde me formé, el doctor Martino. Después de operar a mi suegro del estómago, le explicaba a mi querida suegra como había ido la intervención. Ella, conocedora de su valía, le dijo que había oído decir a su ayudante que lo había hecho muy bien y le daba las gracias. Él le contesto que no tenía que agradecerle nada, que hacerlo bien ero lo normal, era lo que tenía que hacer, y lo que no sería normal era haberlo hecho mal. Que fuesen decentes los políticos, lo mismo que lo son muchas otras personas que no se dedican a la política, también sería lo normal. Y deberían serlo porque la única forma de influir en los demás es con el ejemplo, como muy bien dijo Albert Einstein, porque si no es así sucede lo que tan bien expresó el Cardenal de Retz: “Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto”.   
    Ni los mejores ni los más honrados profesionales suelen dejar sus carreras o trabajos para dedicarse a la política. Y una gran mayoría de los que se "dedican" a la marrullería política entra en edades jóvenes, aún sin tener acabada ninguna carrera universitaria o formación profesional, o haber trabajado antes, y estoy (casi) seguro que muchos con el objetivo de forrarse como ya hicieron otros compañeros antes. Es verdad que unos quieren hacerlo (lo de forrarse) muy rápido y otros no tienen tanta prisa.
    Pero que no fuesen inteligentes podría perdonárseles si al menos no fuesen artificiales, falsos. Mienten cada vez que abren la boca, y los que se mantienen en la política muchos años -casi todos- se pasan la vida aplaudiendo como los borregos al jefe o líder de partido mientras lo sea, para pasar enseguida, y sin pensárselo, a aplaudir al siguiente.
    Y además de falsos son golfos. Alguien que no lo fuese no dormiría tranquilo si le diesen una buena cantidad de dinero por sentarse en un asiento tres o cuatro veces al mes, o menos, para batir las palmas de las manos o las plantas de los pies en el suelo cuando le ordenan (senadores). Eso sí, con traducción simultánea a su lengua regional que pagan los pardillos ciudadanos.
    Intentar resolver los problemas de su país no entra en sus preocupaciones. Solo les preocupa conservar su chollo y que los cándidos vuelvan a votar en las próximas elecciones.
    Hacen “bien” algunas cosas. Apuñalarse entre ellos para ocupar el lugar (más alto) del otro, hacer pactos con el mismo diablo, y aplaudir al cabecilla mientras está arriba y criticarlo y denigrarlo cuando se ha caído o lo han echado abajo.
    Bueno, si usted se empeña no generalizo. Digo, en su lugar, casi todos. Y, de esta forma, que me perdonen los políticos que sean decentes, si los hay.
    Tiene razón. En todas las profesiones hay golfos, pero no creo que en ninguna otra haya tantos. Además, en las encuestas, la corrupción de los políticos es una de las mayores preocupaciones de la población.
    Ojalá dentro de poco tenga que modificar lo escrito hoy, por haber cambiado totalmente, para bien, el panorama político español.
      

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