Los médicos expertos







“Aunque todos los expertos coincidan, pueden muy bien estar equivocados” (Bertrand Russell).






    Primero empiezan diciéndote que eres un líder de opinión. Después, si ven que eres un buen comunicador, cuando te invitan a dar charlas para contarles a otros médicos sus novedades farmacológicas, y no cuestionas la información que te entregan preparada por ellos mismos, en la que se destacan las bondades de sus fármacos, te plantean si quieres "fidelizarte" a la compañía. Si lo haces, a partir de ese momento la maquinaria comienza a funcionar, y muy pronto pasarás a ser experto. Esta es una de las formas de crear médicos expertos por las compañías farmacéuticas, aunque puede haber otras.
    En esta, la que mejor conozco, el médico elegido por la compañía puede ser un buen médico, un buen médico e investigador, o no ser ni buen médico ni buen investigador, e incluso no haber visto un enfermo en su vida, pero es imprescindible que cuando dé una charla a otros médicos lo haga “bien”, sin cuestionar la bondad del fármaco del laboratorio farmacéutico que le recompensa económicamente y, mejor de una forma elegante, lo ponga al mismo nivel o superior al de otros medicamentos de las mismas características de otras compañías farmacéuticas.
    Si cumple estos requisitos, a partir de este momento la compañía farmacéutica lo propondrá para dar charlas en conferencias o congresos, gratificándoselas y corriendo por supuesto con los gastos de viajes y hoteles. Además, se encargarán de divulgar que se trata de un médico experto en determinado campo de la medicina.
    La participación de esos médicos expertos creados por los laboratorio farmacéuticos, puede ser en reuniones financiadas por los propios laboratorios o imponiéndola en congresos o conferencias médicas que necesitan de sus subvenciones. Esta segunda forma es la preferida por las compañías, porque los médicos asistentes comulgarán más con lo que dicen estos médicos expertos, ya que se notará menos quien está detrás de las bambalinas, es decir, será más sibilino.
    Después, los nombres de los médicos expertos comenzarán a aparecer en revistas de divulgación editadas por las propias compañías farmacéuticas, firmando artículos sobre tratamientos de enfermedades relacionadas con su “amplia experiencia” y, casi siempre, en los que se empleen medicamentos del laboratorio farmacéutico que financia la propaganda.
    Estas revistas, con los artículos de los médicos expertos, editadas y financiadas por las propias compañías, y que se reparten a los demás médicos por los delegados de los laboratorios farmacéuticos, tienen menor influencia en los médicos que otras formas de divulgación que hacen estos médicos expertos creados por las compañías farmacéuticas. Por eso aparecerán también firmando artículos publicados en revistas “independientes” de la industria farmacéutica, que no lo son tanto ya que admiten ayudas económicas a cambio de publicitar fármacos en sus páginas, consistentes casi siempre en ensayos clínicos con alguno de sus medicamentos, llevados a cabo con el soporte económico de la compañía farmacéutica. En estos estudios clínicos sobre la eficacia de un fármaco de la compañía, los resultados casi siempre son favorables a su empleo en comparación con otros de la competencia. Y cuántos más médicos expertos aparezcan firmando la publicación del ensayo clínico mayor será la creencia en sus resultados por los “médicos no expertos” o pardillos.
    Pero lo más preocupante es la participación de estos médicos expertos en la elaboración de las Guías de Práctica Clínica. Las guías o directrices de práctica clínica son informes o recomendaciones elaborados de forma sistemática para asistir a los médicos y a los pacientes en la toma de decisiones sobre los cuidados de salud más apropiados para enfermedades o circunstancias clínicas específicas. Muchas son realizadas por las Sociedades Médicas Científicas de casi todas o todas las especialidades médicas y el soporte económico lo hacen las compañías farmacéuticas. Por este motivo intervienen para que sus “médicos expertos” participen en su preparación de estas guías. Y como los “médicos expertos” tienen intereses económicos no morderán la mano que les da de comer, e influirán todo lo que puedan para beneficiar a “su/s compañía/s farmacéuticas” en las recomendaciones o conclusiones finales.
    Usted puede preguntarme ahora si creo o no en los médicos expertos. Le contesto que sí, pero le digo que no suelen ser los que figuran como eso. Son los que se conocen menos y dan menos charlas en general a otros médicos. Lo era el doctor Juan García Lema, médico de mi ayuntamiento cuando finalicé la carrera de medicina, que con solo las manos y el fonendoscopio diagnosticaba correctamente a la mayor parte de los enfermos que acudían a su consulta, y algunos otros que conocí durante el tiempo que pasé formándome como especialista de neumología en el Hospital Marqués de Valdecilla de Santander y después en Orense, pero ninguno de ellos pertenecía al grupo de “médicos expertos” de los que le hablé.     






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