La culpa




“Yo no tengo la culpa de que la vida se nutra de la virtud y del pecado, de lo hermoso y de lo feo” (Benito Pérez Galdós)





    Una grandísima mayoría de españoles tiende a echar la culpa a los demás de todo lo que les sucede a ellos. Y yo, con todo el respeto, les diría que están equivocados.
    Recuerdo una frase que nos decía un profesor de psiquiatría, el doctor Brenlla Losada, en la Facultad de Medicina de Santiago de Compostela, cuando explicaba la frustración: “la culpa nunca es de los demás, siempre es de uno mismo”, con la que estoy totalmente de acuerdo, y, aunque a veces tal vez no haya sabido reconocerlo en algún asunto personal, se la he recordado mil veces a mis hijos, para que se la aplicaran cuando tuviesen algún revés en la vida.
    Y claro que tenía razón este profesor. Antes de habérsela oído, ya andaba con amigos y compañeros de estudios casi todos los días por la calle del Franco de la ciudad compostelana, como otros muchos estudiantes universitarios, y, entre taza va y taza viene, había visto una chica que me gustaba, y pensaba que debía intentar conocerla. Pasaban los días y no me atrevía -era tímido y aún lo sigo siendo ahora, aunque algo menos-. Poco después la vi acompañada de un chico. ¡Como no iba pensar que la culpa era mía por no haber conseguido cortejarla, o al menos haberlo intentado, antes que aquel otro joven!
    Bueno, reconozco que el ejemplo no es muy bueno, porque ya en aquel instante me culpé a mi mismo de aquel “tropiezo” pequeño. El haberlo puesto tal vez fue porque tenía ganas de contarlo, pero creo que sirve para darnos cuenta que nunca podemos volver atrás en el tiempo -en mi caso, al momento anterior, cuando aquella chica tan bella paseaba sola, sin acompañante-, y que es mejor prevenir que lamentarse después.   
    En el momento actual, con una crisis económica tan seria en nuestro país, unos le echan la culpa a Alemania, otros a Norteamérica, y otros a nuestros gobernantes, pero aún no he oído a nadie echársela a nosotros mismos.
    Creo que todos, unos más y otros menos, somos los culpables de lo que nos ha venido pasando desde hace años y nos sigue sucediendo. Y en mi opinión lo somos todos, no solo los políticos que nos gobiernan, por diversas razones que paso a enumerar.
    No amamos el trabajo y trabajamos poco - Trabajar no es pasar más horas en el puesto de trabajo, es aprovecharlas bien para producir lo máximo. Recuerdo haber leído hace poco que los españoles y brasileños son los que más horas pasan en sus puestos de trabajo y haber oído después, por esa información, que algunas personas nos ponían de ejemplo como muy trabajadores, como si pudiese equipararse pasar horas en el puesto de trabajo y trabajar. Y no es lo mismo. En España, cualquiera puede comprobar que esto no es así en la mayoría de las empresas y organismos públicos: descansos prolongados para el café o por razones no justificadas, charlas no relacionadas con el trabajo entre los trabajadores, paradas para fumar, etcétera, etcétera. Y si nos comparamos con Canadá o Finlandia, países en los que casi no ha hecho mella la crisis económica, en los dos se trabaja más que en el nuestro, también en las empresas públicas. Usted puede decirme lo mismo que muchas otras personas: claro, con el tiempo tan horrible que hace en esos dos países no se puede hacer otra cosa que trabajar. Bueno, en California hace buen tiempo y es uno de los estados más prósperos de Estados Unidos. Durante la semana, en Europa Central y del Norte, en Canadá o Estados Unidos, la gente sale del trabajo y la mayoría se va a su casa para cenar, descansar, y levantarse temprano al día siguiente. En nuestro país, muchos se van al bar hasta las tantas y este es también un motivo de menor rendimiento en el trabajo.
    Todos o casi todos somos, en mayor o menor grado, responsables de la corrupción, amiguismo y "recomendaciones”, que tanto daño hacen a la economía - Si ahora usted o yo dijésemos que levantasen la mano los que no hayan pedido nunca alguna recomendación para un miembro de la familia o un amigo creo que podríamos contar fácilmente, y en poco tiempo, todas las manos levantadas del país. Y esto contribuye al empobrecimiento por estar ocupando puestos de trabajo personas menos capacitadas que otras que se lo merecían más. ¿Le parece serio que en los hospitales públicos de nuestro país, desafortunadamente dependientes directamente de los políticos, cambien los puestos directivos -gerentes, directores médicos y de enfermería-, e incluso jefes de servicio y supervisoras de enfermería, cuando se produce un cambio de gobierno regional? Es verdad que esto sucede más en empresas públicas, pero además, ¡cuántos puestos de trabajo en organismos públicos se habrán creado de forma innecesaria, solo para colocar a familiares, amigos y amigos de los amigos!   
    Tenemos los políticos mediocres que nos merecemos - Porque también nosotros lo somos. Les hemos adulado, a veces para conseguir prebendas, y ellos se lo han creído. Parecemos sus servidores, cuando debía ser al revés que para eso les pagamos. 
    Hemos vivido y vivimos por encima de nuestras posibilidades - Gastos suntuosos que no nos podíamos permitir, vacaciones prolongadas y costosas, compra de bienes inmuebles sin respaldo suficiente para su pago en el futuro, etcétera, etcétera.
    Nos equivocamos en los modelos a imitar - A los jóvenes no se les ponen como ejemplo a trabajadores, profesionales o empresarios serios. Los modelos en la TV, y tristemente también en algunas familias, son los artistas de las series y los personajillos de los programas del “corazón”. ¿Cuando ha visto u oído usted entrevistar, en la TV o en la radio, a formales y exitosos empresarios? A Amancio Ortega, por ejemplo. Es verdad que sería difícil de conseguir por la discreción de estas personalidades.
    Por estas y otras razones, así nos va. Claro que si usted está de acuerdo con lo que dijo Concepción Arenal, "cuando la culpa es de todos, la culpa no es nadie", entonces no he dicho nada.

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