La desconfianza y los gallegos (Los gallegos: ¿cautos o desconfiados?)
“La desconfianza es madre de la seguridad” (Aristófanes)
Los gallegos tenemos fama de ser muy
desconfiados y de contestar a una pregunta con otra o más preguntas Y eso, ¿es
malo o es bueno? Depende. Es bueno ser desconfiado de lo que no tienes que
confiar y no tan bueno serlo cuando debes confiar. Pero, ¿cuándo sabes en lo
que debes o puedes confiar? Aunque tal vez tenga razón Indira Gandhi, al decir
que la desconfianza es una señal de debilidad, me parece más cierto y convincente
lo que dijo Aristófanes.
También dijo Rosalía de Castro, escritora
gallega, que la desconfianza nace de la ignorancia. Yo debo ser muy ignorante.
Y también lo podía ser la madre gallega, de Lugo, que traía a su hijo pequeño, en
la década de los 70 del pasado siglo, al Hospital de Valdecilla de Santander
para operarlo de una cardiopatía congénita y tuve que entrevistarla -siempre
que venían paisanos de Galicia a Cirugía Cardíaca de este hospital, nos
enviaban a los médicos residentes gallegos a entrevistarlos porque, según los
médicos de otras regiones españolas, eran los enfermos más difíciles de
historiar; decían que a sus preguntas les solían contestar con dudas o con otra
pregunta-. Le pregunté si tenía más hijos, por si alguno más estaba enfermo en
el caso que los tuviera, y ella me respondió: ¿Y por qué me lo pregunta? Puede
tener razón Rosalía en estos dos casos, el de la señora de Lugo y el mío, y en
alguno más, pero no todas las personas desconfiadas son ignorantes. Conozco
personas muy, muy desconfiadas, incluso alguna amiga, que no tienen nada de
ignorantes.
Cuando uno habla de esto con otras personas,
las opiniones difieren y la mayoría opina que hay que ser desconfiados, pero
sin pasarse. El problema es cuando desconfías de quien puedes confiar y te
confías en quien no debes. Por eso Tennessee Williams decía que “debemos
desconfiar unos de otros. Es nuestra única defensa contra la traición”. Juvenal
dijo que confiar en todos es insensato, pero no confiar en nadie es neurótica
torpeza.
La desconfianza se manifiesta en alguna
otra cosa, como la de contestar a una pregunta con otra o más preguntas, también
muy característico de los gallegos.
Siempre me encantó lo que se contaba,
cuando estudiaba en la Facultad de Medicina de la Universidad de Santiago de
Compostela, del diálogo entre el catedrático de otorrinolaringología y el
paisano que acudió a su consulta privada para que le examinara su desviación de
tabique nasal y preguntarle si debía operarse. El profesor González, también
gallego, le dijo que sí debía operarse. El paisano le preguntó cuánto le
cobraría por la operación. El catedrático le contestó preguntándole si lo había
consultado con otros otorrinolaringólogos. El paisano le dijo que sí. El
profesor entonces le preguntó que cuánto le cobraban por la operación. El
paisano le contestó: “Échele”.
A veces no contestamos con otra pregunta
sino que nos vamos por los cerros de Úbeda. Un ejemplo de esto es lo que le
preguntó un catalán, desde la ventanilla del coche, a un paisano gallego que
iba por la carretera con las ovejas: “Oiga, por favor, ¿quién cree que va a
ganar las próximas elecciones en Galicia?” Y la respuesta fue esta: “Por una
parte usted ya ve y por otra que quiere que le diga”. Otro ejemplo: un grupo de
médicos neumólogos de toda España habíamos sido invitados a una conferencia en
Estambul. Después de la cena fuimos todos a tomar una copa a una discoteca. Otro
neumólogo y yo, después de haberse ido el resto, quedamos hablando en la
discoteca. Al día siguiente, en el desayuno, nos preguntaron a qué hora nos
habíamos ido de la discoteca para el hotel. El médico que se había quedado
conmigo, también gallego, les contestó: “más o menos”. A los no gallegos esta
respuesta les llamó mucho la atención. Y algo parecido era lo que ocurría
muchas veces que acompañaba a mi madre por la aldea de Quilmas, donde vivíamos.
Cuando se cruzaba con otra mujer solía decirle: ¿De dónde vienes? Y la
respuesta casi siempre era: ¿Y tú adónde vas?
Hombre, creo que sólo hemos tenido un
premio Nobel en Galicia, pero estoy seguro que los gallegos no somos más
tontos, aunque seamos más desconfiados, que los ciudadanos de otras regiones
españolas, como a veces parece que quieren dar a entender los chistes y las
imitaciones de nuestro acento al hablar.
La cautela o prudencia y la desconfianza creo
que van unidas. Por eso, los gallegos somos cautos y desconfiados.
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