Leonardo Da Vinci (1)





“Yo te aconsejo que no te encumbres a ti mismo con palabras a menos que hables a los ciegos. Sin embargo, si quieres demostrar con palabras para los oídos y no para los ojos de los hombres, habla de cosas sustanciales o naturales y no mezcles cosas que pertenecen a los ojos para hacerlas entrar por los oídos, porque entonces serás sobrepasado por el trabajo del pintor” (Leonardo da Vinci)




    Siempre fue para mí un artista y científico de enorme interés. Hace algunos años compré una biografía de él, “Leonardo. El vuelo de su mente”, de Charles Nicoll, pero no logré pasar de la página 67 de 564 que tenía, sin contar las de las notas y el índice. Recientemente un médico amigo me recomendó leer el e-book "Curiosidad apasionada. Memorias galénicas de Leonardo Da Vinci", de Javier Pardo Mindán, publicado en 2012, y lo he terminado rápidamente, porque además de estar muy bien escrito, es corto y fácil de leer.
    Hubiera valido la pena pagar los poco más de cuatro euros solo por las dos frases que aparecen en la página anterior al prólogo. Una de Leonardo Da Vinci que reproduzco arriba. La otra de Albert Einstein: “Insistir demasiado en un sistema competitivo y especializarse prematuramente con la vista puesta en una utilidad inmediata supone la muerte del intelecto”.
    El libro describe opiniones de Leonardo, contadas por su discípulo y heredero, que tendrían aún hoy la misma o incluso mayor validez.
    Por ejemplo, hace un comentario sobre los médicos de aquel tiempo que podría aplicarse a cualesquiera otros científicos… "disimulaban su torpeza con frases incomprensibles y desprecio hacia la ciencia, pues no toleraban que un aficionado como yo pudiera enseñarles algo que ignoraban".
    Más adelante… "las cosas mentales que no pasan por los sentidos son vanas, porque en los sentidos adquieren esencia, discernimiento y lucidez para poder impregnar el sentido común, todo el cerebro y nuestro espíritu".
    Nos dice que Sandro Boticelli (1445-1510) sentía admiración por lo femenino, por la tersura de su piel, la sutileza de la tela de sus vestidos, la musicalidad de su voz, su sensibilidad e incluso el equilibrio de su anatomía. Y que Boticelli glosó además la delicadeza de las curvas de su cabeza, la suavidad de sus labios, su cuello recto, la viveza de sus ojos, la consistencia de sus pechos, el bosque de su sexo y la falta de relieve de sus músculos. Sin embargo a mí, dice Leonardo, me gustaba resaltar la musicalidad de su voz, su recato mal disimulado y su cualidad para concebir y criar hijos". 
    Más adelante le dice a Francesco Melzi, su discípulo y heredero, que la inteligencia y el estudio deben estar al servicio de la búsqueda de la verdad. Continúa diciéndole a Leonardo que hay dos clases de personas, los sabios que hablan solo cuando están seguros de lo que dicen, y los ignorantes que hablan de lo que saben y también de lo que desconocen, por lo que se convierten en los transmisores de todos los errores y confusiones que se encuentran en los tratados de ciencia.
    Opina sobre las prohibiciones no justificadas diciendo que con el tiempo se pierde el miedo y se disfruta de su transgresión.
    Y qué bien y claro dice lo siguiente de los que lo criticaban, la mayoría por envidia probablemente, y que tal vez aún tenga más validez ahora que en su tiempo: "Después de una larga vida he llegado a la conclusión que en nuestra sociedad hay una banda muy numerosa de zalameros, falsarios y difamadores que tratan de aprovecharse de los demás. Sin embargo recuerde que cala más la difamación y la mentira que la verdad y que una vez arrojada la piedra es imposible pararla en el aire. Siempre me estremecieron los lenguaraces capaces de adular a los santos y a los demonios al mismo tiempo y de poner cara de sapo por la mañana y de rana por la tarde".
    También son muy interesantes sus opiniones sobre las medicinas y los médicos de su tiempo. “Siempre procuré no abusar de las pócimas y medicinas, pues solo curan cuando se utilizan adecuadamente y son muy pocos los médicos que conocen sus verdaderos efectos y los contrarios”. Y de los médicos: “Creo que aunque se descubran remedios para todos los males, la atención, delicadeza, cordialidad y humanidad de los médicos siempre serán reclamadas por los enfermos”.
    De verdad, ¿no le parece que era un sabio? 


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