El señor de Zara





 




    La primera vez que oí hablar de Zara fue hace unos 30 años, cuando mi mujer compraba en una tiendecita de esta cadena que había en Cardenal Quevedo (Orense) porque según ella era la mejor en calidad-precio.
    Poco después oímos aquello de que uno de los motivos del gran éxito de esta empresa había sido el cambio de modelos de vestidos cada pocas semanas. Ahora todos sabemos que sus tiendas ocupan las mejores avenidas o calles de Nueva York, Tokio, Londres, Singapur, Pekín y otras muchas ciudades importantes de todos los continentes, y que no hay ninguna otra empresa con tantos beneficios año tras año ni con tanta revalorización en bolsa a pesar de la crisis económica. Y que su modelo mercantil está siendo estudiado y puesto como ejemplo en las mejores universidades de todo el mundo.
    El creador de esta empresa es Amancio Ortega. He leído hace años una pequeña biografía de él, creo que el librito se llamaba “De cero a Zara”, y solo recuerdo, si la memoria no me falla, que no le gustaba nada viajar en avión y que cuando tenía que ir a París por motivos de trabajo lo hacía en tren.
    Su fotografía apareció en los medios de comunicación al mismo tiempo que contaron que tomaba café casi todos los días en una pequeña cafetería de La Coruña, y que pasaba tan inadvertido que ni el dueño de la misma sabía de quién se trataba. Luego ya empezamos a ver más fotos de él. Casi siempre con camisa blanca, y, los días de verano por la tarde, con un jersey por los hombros.
    Al observar su cara y su mirada, parece una persona buena y tranquila que está pensando, que no habla mucho, que solo escucha -venga de quien venga- lo que considera interesante, como si tuviera en cuenta lo que decía Confucio: “Si hay un hombre que no es digno de que se converse con él y lo haces, has perdido tus palabras. El sabio no pierde sus palabras”, y que no le gusta perder el tiempo.
    Ya no lo perdía cuando terminaba su trabajo en una tienda de ropa de La Coruña y le daba vueltas a su objetivo, montar su propio negocio. Y por eso tuvo una idea brillante que se tradujo en el cambio frecuente de los modelos de vestidos. Ahora cuida el marketing de sus innumerables tiendas excepcionalmente. La tienda de ropa más grande del mundo está en Nueva York y pertenece a una de sus marcas.
    Nunca ha asistido, a pesar de haber sido convocado como otros importantes empresarios, a las reuniones con el presidente de la región o del gobierno de turno o con el Rey. Siempre envía a su segundo. Con Fraga, al parecer había asistido a las dos primeras que había sido llamado, y dejó de asistir porque comentó a sus íntimos que no quería perder el tiempo. Sabe que esas reuniones, como las entrevistas, no sirven más que para salir en la foto y eso a él no le importa absolutamente nada.
    Prefiere pasar desapercibido, aunque ahora ya le sea imposible. Es más fácil verle en un restaurante de La Estrada comiendo cocido que en cualquier otro de Madrid.   
    Ha fundado una empresa modélica, ahora llamada Inditex, ha creado muchísimos puestos de trabajo y generado una inmensa fortuna. Es la tercera persona más rica del mundo y parece más sencillo que la mayoría de “nuestros” políticos. La tarde del día de fin de año fue el último en abandonar la fábrica de Arteixo. Me lo dijo alguien próximo que trabaja allí. Cuando salía pensó que era el último en abandonar la empresa, y lo encontró a él con una Ipad en la mano viendo las ventas de ese día.
    Los trabajadores de su empresa lo veneran. Todas las demás personas buenas de nuestro país lo admiran y quieren. No sé si también los malos.
    Ojalá hubiera en España una docena de empresarios como él.

Añadido de ahora, de hoy: Hace un año, cuando asistía a un congreso en Montreal, me alegré enormemente de ver más de una tienda de Zara, llenas de gente. Lo comenté en FB y alguna persona respondió que nunca compraría en una tienda de este señor porque fabrica en otros países pagando sueldos miserables. Luego pude ver que esto no era verdad. Un joven de barbas que tenía un programa en una cadena de TV, muy agresivo en sus entrevistas, intentó demostrar esto y se quedó "chafado" al ver que no era verdad. Le dijeron que allí, en Bangla Desh (creo que no se escribe así, ¿o sí), los trabajadores de las fabricas de tejidos españolas -entre ellas Inditex- cobraban lo mismo que un profesor de instituto de allí. Un familiar que trabaja en Inditex, Arteixo, que viaja frecuentemente a las fábricas de Inditex de estos países me asegura que es así.  
 
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