Chequeos médicos






“Lo mejor es salir de la vida como de una fiesta, ni sediento ni bebido” (Aristóteles).






    En el tercer cuarto del siglo pasado los chequeos médicos estaban de moda, aunque ya en 1970s muchos expertos médicos de verdad (hablaremos un día de los no de verdad) habían advertido que los chequeos de salud en personas sin síntomas eran poco beneficiosos. Ahora acaba de publicarse una gran revisión de 14 ensayos con 182880 participantes, que concluye diciendo que los chequeos de salud general aumentan el número de diagnósticos para varias enfermedades pero no disminuyen la morbilidad ni la mortalidad en general, ni para las enfermedades cardiovasculares o el cáncer, y que tales exámenes fueron probablemente no provechosos.
    El chequeo puede ser a petición del paciente o del médico. El primero consiste en que una persona acude a un médico o una clínica solicitando que, aun estando sano, se le realicen exploraciones para ver si su estado de salud es el adecuado. El segundo, que también se realizaba antes más que ahora, consiste en que el médico, habitualmente de la sanidad pública, le recomienda realizar al paciente cada año, o cada menos tiempo, análisis de sangre u otras pruebas con vistas a encontrar anormalidades y tratarlas.
    Un buen ejemplo de chequeo a demanda del paciente es el que realiza el Rey de España cada año, en las mejores clínicas privadas de nuestro país, y ya vemos como anda su salud.
    Los chequeos llevan a más diagnósticos y más tratamientos, lo cual produce un mayor número de efectos adversos de los tratamientos, y también daños psicológicos, ya que convertirse en paciente es totalmente diferente de ser un ciudadano sano.
    Los análisis rutinarios de sangre, tan recomendados y ordenados por los médicos de la sanidad pública hasta ahora, además del inmenso gasto, consiguen casi únicamente detectar cifras elevadas de colesterol, glucosa o PSA (antígeno prostático específico).
    La determinación periódica de PSA hoy ya no se recomienda, al menos por algunas sociedades urológicas internacionales. El resultado de la determinación de colesterol en sangre es que muchas personas toman estatinas (medicamentos para bajar el colesterol) sin necesidad, pero no cambian los (malos) hábitos de vida. El colesterol elevado no es ninguna enfermedad sino un factor de riesgo para sufrir trastornos cardiovasculares, como lo es la obesidad o el sedentarismo. Y por tanto, las estatinas solo pueden descender estas cifras -lo mismo que podría lograrse la mayor parte de las veces con una vida sana-, y beneficiar a muy pocas de las muchas personas que toman estos fármacos. Además, cada vez se están publicando más efectos adversos de estos medicamentos.
    Me sigue llamando la atención escuchar a los pacientes decir que se hacen análisis de colesterol cada mes o cada pocos meses y ver lo mucho que comen, lo poco que se mueven y el excesivo tiempo que pasan sentados delante del televisor.
    En mi opinión, el mejor chequeo médico es hacer una vida sana: no fumar, tomar pocas bebidas alcohólicas, comer poco y caminar mucho. Me da pena ver ancianos caminando muy despacio por culpa del sobrepeso y tomando una docena o más de píldoras al día, la mayoría de ellas totalmente innecesarias si hubiesen llevado y llevaran una vida más saludable e ido menos al médico para realizar análisis repetidos de sangre.
    Nunca me he realizado análisis de sangre de forma rutinaria. No sé como tengo el colesterol, la glucosa o el PSA. Espero no morirme muy pronto para que no digan: “mira que le pasó al médico que no hacía análisis, comía poco, no fumaba y corría de madrugada…". E irme de la vida como decía Aristóteles, ni sediento ni bebido.

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