El mérito






“El mundo recompensa antes las apariencias de mérito que al mérito mismo” (François de La Rochefoucauld)





    “Tiene mucho mérito” es una frase que oímos a menudo, diariamente incluso, sobre el comportamiento o las obras de algunas personas. Y también “tiene mucho mérito lo que hizo”, “tiene mucho mérito lo que dijo”. Y estas expresiones se aplican muchas veces a los hechos o palabras de determinadas personas o personajes.
    De las tres acepciones que hace el Diccionario de la Lengua Española de la palabra mérito me quedaré con las dos primeras: acción que hace el hombre digna de premio o castigo y resultado de las buenas acciones que hacen digna de aprecio a una persona.
    Hace poco hablábamos del mérito del gran empresario español fundador de Inditex. Pero no podemos confundir el mérito con el éxito. Es verdad que existen personas con grandes éxitos en sus negocios y con mucho mérito (Amancio Ortega, creador de Inditex; Juan Roig, creador de Mercadona -con este último estuvieron muy “acertados” sus profesores del colegio cuando pronosticaron que no llegaría a ninguna parte-; Bill Gates, etcétera), pero también las hay con éxito y sin mérito alguno. Ya dijo Victor Hugo, “es una cosa bastante repugnante el éxito. Su falsa semejanza con el mérito engaña a los hombres”.
    Pero para mí, tanto o más mérito que los personajes citados anteriormente la tienen muchas otras personas desconocidas que describo a continuación.   
    Han tenido y tienen mucho mérito todos aquellos padres que se han esforzado y esfuerzan, que han trabajado y trabajan duro, para darle lo mejor a sus hijos. Y darle lo mejor a los hijos, no es satisfacerle sus caprichos, sino costearles la mejor formación posible, sabiendo que lo que estaban haciendo y hacen ahora era y es la mejor inversión de su dinero, casi siempre obtenido con gran voluntad y sacrificio.
    Escuchaba en la radio hace muchos años una entrevista a Enrique Fuentes Quintana, ministro de Economía con Adolfo Suárez, y una de sus respuestas me quedó grabada en la memoria. Le preguntó el entrevistador cual era la mejor inversión para los ahorros en aquel momento y en que invertía él su dinero. Le respondió, sin pensar, que la mejor inversión del dinero es, y lo será siempre, en la formación de los hijos. Sigo recordando frecuentemente sus palabras y dándole la razón. 
    Tuvo mucho mérito aquella mujer viuda, madre de dos hijos, uno de ellos gran amigo mío, que con gran inteligencia y esfuerzo hizo todo lo posible para costearles sus estudios de medicina y acabaran siendo los dos premios extraordinarios de la carrera, y después excelentes profesionales.
    Lo tuvo mi padre, que al año de casarse, emigró a Montevideo y trabajó día y noche durante años para poder amortizar una casa para su familia, y continuó después trabajando duro en el mar para poder pagar mis estudios de medicina. 
    Lo tienen todos aquellos padres y madres de familia que siguen aún ahora, a pesar de las dificultades, trabajando duro para dar la mejor formación a sus hijos. Esforzarse y trabajar duro, sin lamentarse, es el mejor ejemplo que pueden darle.   
   Lo tuvieron y tienen aquellos hijos que después recompensaron y recompensan los sacrificios hechos por sus padres, cuidándoles antes y ahora lo mejor posible en la vejez.      
    El mérito se tiene o no se tiene, pero los que de verdad lo tienen, lo poseen sin buscarlo. “Un día mi abuelo me dijo que hay dos tipos de personas: las que trabajan, y las que buscan el mérito. Me dijo que tratara de estar en el primer grupo: hay menos competencia ahí”, señaló muy bien Indira Gandhi. Y creo que tenía razón esta señora porque como muy bien expresó Sir Francis Bacon, “la envidia es el gusano roedor del mérito y de la gloria”.

www.clinicajoaquinlamela.com (se renovará la próxima semana)





Comentarios

Entradas populares de este blog

Tos sin enfermedad orgánica

El arte de enamorar (a las mujeres)

Enamorarse y casarse después de los 60, ¿es saludable?