Llega la primavera, no el asma









“No hay enfermedades sino enfermos” (Gregorio Marañón)






    Todos los años por estas fechas los médicos alergólogos emiten comunicados sobre lo que les espera a los pacientes alérgicos. Normalmente nada bueno. Habitualmente la información dice que debido al lluvioso invierno -este no lo ha sido- la primavera será muy mala para ellos. Este año, discretamente, la Web de la Sociedad Española de Alergología se avisará que se prevé una primavera de polinización alta, aunque no haya habido abundantes lluvias en los últimos meses. Y continuará: sin embargo, los síntomas en los alérgicos al polen se verán agravados por la alta contaminación atmosférica. Y esto mismo o parecido lo dirá algún alergólogo en los telediarios de las televisiones y en las radios. Es decir, llueva o no llueva, haga sol o no lo haga, los infortunados enfermos alérgicos al polen no se salvan.
    Siempre me llamaron la atención estas informaciones pesimistas de los médicos. Por ejemplo, cada año avisan que la gripe que viene es peor que la anterior, y luego es la que es. La de cada año es la peor invariablemente para el que la sufre. Y la última, además, es siempre la peor, porque de las sufridas anteriormente ya nos hemos olvidado de ellas.
    Continuamente me pregunto el por qué de estos avisos desesperanzados de los médicos, pero me contesto enseguida que nada sucede por casualidad. Aunque me parecería más apropiado que en lugar de emitir comunicados tristes se diera buena información de las medidas convenientes para evitar los males, o al menos sufrirlos de forma más suave.
    Desafortunadamente el asma llega en cualquier momento del año, no solo en la primavera Es una enfermedad inflamatoria de los bronquios de la que aún conocemos poco. No sabemos la causa pero sí que en su aparición influyen factores hereditarios –como sucede en la mayor parte de las enfermedades-, y que las infecciones víricas respiratorias podrían ser, al menos en algunos casos, los factores desencadenantes, incluso los causantes, de la iniciación de los síntomas.    
    En el asma, la inflamación reduce la abertura bronquial por donde pasa el aire cuando respiramos. Esta es la principal razón por la que los enfermos con asma notan dificultad para respirar. Otros síntomas que suelen acompañar a la dificultad respiratoria son la tos, los ruidos sibilantes en el tórax -que los pacientes describen como “gaitas”-, y la apretura en el pecho.
    El asma no es una enfermedad alérgica. Sí hay un porcentaje de pacientes con asma, jóvenes en su mayor parte, que se agravan en la primavera cuando el aire que respiran tiene pólenes de gramíneas o árboles. Aunque hace años se creyó que podrían ser los causantes del asma en algunos enfermos, hoy son considerados únicamente agentes agravantes. Otros pacientes asmáticos se agudizan en la época primaveral y en el verano, sin tener alergia a pólenes de gramíneas o arbustos, por el efecto irritante de los pólenes o “polvillo” que se desprenden de las plantas y árboles en estas épocas del año. Algunos se agravan por los cambios frecuentes de temperatura que se producen en la primavera, lo mismo que sucede en el otoño. Muchos otros enfermos con asma empeoran con el frío y las nieblas y mejoran cuando cambian a climas más secos, aunque también puede suceder lo contrario. Incluso algunos se agravan solo con oler ciertos alimentos y otros por factores emocionales.
    Una persona puede enfermar de asma en cualquier estación del año. Un enfermo con asma puede agravarse en todas las épocas del año. La causa más frecuente de agudizaciones de los pacientes asmáticos son las infecciones víricas de vías altas respiratorias -resfriado común-, que tienen mayor incidencia en otoño e invierno.
    Para diagnosticar a los pacientes con asma y rinitis que se agravan con la exposición ambiental a los pólenes de gramíneas y árboles es más importante la realización de una buena y detallada entrevista o historia clínica al paciente –decía William Osler, un excelente médico canadiense, “si escuchas al enfermo el te está diciendo el diagnóstico”, sentencia aún hoy tan vigente como antes- que las pruebas cutáneas alérgicas. Un porcentaje no desdeñable de personas que no padecen asma ni rinitis tienen pruebas cutáneas positivas a distintos alergenos.
    El mejor tratamiento de los pacientes con asma y rinitis que se agravan con la exposición ambiental a los pólenes de gramíneas y árboles es evitarlos, con las medidas ya conocidas -dormir y conducir con las ventanas y ventanillas cerradas, evitar en lo posible viajar a los lugares que anteriormente causaron agravamientos del asma o rinitis-, y antiinflamatorios (corticoides) inhalados por vía bucal para el asma y por vía nasal para la rinitis. Solo en los pacientes que no se controlen adecuadamente los síntomas habrá que valorar otras medidas terapéuticas, individualizadas para cada paciente, porque no hay dos enfermos asmáticos iguales.
    Creo que para las personas normales tener buena salud es lo más importante, y lo que desean (casi) todas es estar siempre sanas hasta ser muy, muy viejecitas, y después morirse “sin sufrir”. Pero la mayor parte de las veces estos deseos no se hacen realidad. Enfermamos una o muchas veces a lo largo de la vida. Por eso existen los médicos.
    Nosotros, los médicos, debemos informar a los enfermos asmáticos que en más del noventa por ciento de los casos el asma es una enfermedad leve, que se puede y debe controlar con los corticoides inhalados, utilizados de forma regular e incluso en algunos pacientes “a demanda”, es decir cuando los precisan. Y que después de controlar los síntomas, el médico debe intentar siempre reducir las dosis de estos medicamentos por los efectos adversos de su empleo crónico y porque puede seguir evitándose la inflamación bronquial, una vez desvanecida o desaparecida, con dosis más bajas.
    Y a los padres de los niños con asma que no se desesperen por haberle tocado a los suyos. Porque existe un noventa o más por ciento de posibilidades de que el curso de la enfermedad, mientras dure, sea leve y porque una mitad de ellos dejarán de tener asma antes de llegar a la mocedad, sin importar el tratamiento que hayan hecho. Incluso los adultos con asma pueden dejar de padecerla y por tanto no necesitar tratamiento, aunque el porcentaje es mucho más pequeño, menos del cinco por ciento.
    Le deseo una feliz y saludable primavera. Gracias por leerme.  
   


Comentarios

Entradas populares de este blog

Tos sin enfermedad orgánica

El arte de enamorar (a las mujeres)

Enamorarse y casarse después de los 60, ¿es saludable?