Cartas a mi nieta


Nos has contagiado el resfriado


“Un enfermo pega el mal a veinte sanos y mil sanos no pegaron jamás salud a un doliente” (Francisco de Quevedo)

 

    Antes de irte para Madrid con tus padres, para celebrar el cumpleaños de tu abuelo paterno, estuviste unos días con nosotros, tus otros abuelos, en Orense. Habías vuelto a coger un resfriado en la guardería unos días antes y por eso los días que estuviste con nosotros no eras la misma. Estabas algo más parada, no tan alegre como otras veces, y por la noche llorabas de vez en cuando. Cuando nos acercábamos a la cuna comprobábamos que no tenías el chupete en la boca, por haberlo expulsado para poder respirar por tener la nariz taponada por la inflamación y los mocos del catarro .

    Sabíamos por los comentarios de otros abuelos conocidos y porque, aunque no lo sepas, tus dos abuelos somos médicos y una de tus abuelas enfermera, que nos contagiarías el resfriado. Aprovecho para decirte que tus padres nos dijeron que les gustaría muchísimo que te decidieras más adelante a estudiar la carrera de medicina. Tú comenzaste esta infección respiratoria causada por un virus, con fiebre muy alta y postración. Nosotros, los adultos, no solemos tener fiebre tan elevada en infecciones de este tipo como tenéis los niños, pero la descarga nasal y la tos son igual o más molestas que las que tú tenías. Tal vez la única diferencia es que no lloramos por la noche porque no dormimos con chupete.

    Como te dije, tu abuela y yo ya sabíamos que muy probablemente nos contagiarías el resfriado pero no hicimos nada por evitarlo. Te acariciamos como siempre y te besamos aún más que antes, porque nos daba pena que la puñetera (perdón, Valentina) infección hubiese cambiado tu cara, tan bonita y alegre siempre, volviéndola más triste.

    Estoy escribiendo esto a las seis de la madrugada porque me desperté a las cinco, y como no paraba de toser me levanté para no despertar a tu abuela que, como la contagiaste antes, ya tose menos que yo.

    Y tú me dirás. Si eres médico, ¿cómo no tomas nada para la tos? No hay nada para calmar la tos. Por eso a ti no te hemos dado nada. Bueno, no sé si tu madre y tu abuela te pusieron una cebolla en agua caliente o hervida por la noche en la habitación donde dormías, pero no noté que tosieras menos unas noches que otras mientras estuviste en casa. También los pediatras -ahora está de moda- dan un antihistamínico para calmar la tos en las bronquitis ¡y a veces incluso sprays con un broncodilatador y un corticoide inhalado! No tomes nunca nada de esto cuando estés resfriada, aunque algún médico se lo recomiende a tu madre que te lo de. No mejora ni cambia la evolución de esta enfermedad causada por un virus; solo puede disminuir algo la tos porque produce somnolencia y al estar más dormida puedes toser algo menos. Si te lo recomiendan dile a tu pediatra que te dijo tu abuelo que no tomaras nada de eso, porque la tos, aunque molesta, es un mecanismo “defensivo” de los pulmones para eliminar las secreciones o flemas que se producen en los bronquios inflamados.

    Los médicos no tenemos que tratar la tos sino la causa que la produce y hoy, con respecto al resfriado, estamos igual que hace siglos; no tenemos tratamientos que curen las infecciones respiratorias víricas, como el resfriado o la gripe. Se curan solas, o se complican, y la tos va disminuyendo al mismo tiempo que se van curando. Calígula, un loco emperador romano que nació 12 años después de Cristo, mandó cortarle el cuello a su sobrino porque su tos -la del sobrino- no le dejaba -a él- dormir por la noche (perdona otra vez, por contarte esta historia tan bárbara).

    Sí, aunque tal vez te lo haya dicho antes, como no lo recuerdo, te lo vuelvo a repetir. El resfriado común o catarro nasal comienza con estornudos muy molestos y descarga nasal o con picazón en la garganta -así comenzó este último que nos contagiaste-, también muy molesto, y febrícula o fiebre (la fiebre alta es mucho menos frecuente en los mayores); después siempre “baja” al pecho y causa la tos, seca al principio y unos días después con flemas, por la bronquitis aguda. Por eso creo que los médicos deberíamos llamarle resfriado común y bronquitis aguda.

    También les dijimos a tus padres que deben valorar el sacarte de la guardería porque desde que comenzaste hace unos pocos meses ya tuviste tres o cuatro infecciones como esta. Y por nosotros, porque si estamos contigo cuando vuelvas a sufrirlas nos las contagiarás de nuevo porque, ¿cómo vamos a ser capaces de no acariciarte y besarte con lo rica y maravillosa que eres?

    Te fuiste para Madrid y ya vimos que estabas mejor porque la alegría volvió a tu cara y ya les diste mucho trabajo a todos, porque cuando estás bien no paras. Nos recuerdas a tu madre de pequeña. ¡Qué maravillosa era y que maravillosa eres también tú, patitas!

    Hoy por la mañana vimos la foto que te sacaron ayer en La Coruña. Tu cara preciosa, tu bonita sonrisa, y tu viva y perspicaz mirada, ya son las de siempre. Dios, ¡cuánto te queremos!

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