Cartas a mi nieta


En la guardería

“La palabra progreso no tiene ningún sentido mientras haya niños infelices” (Albert Einstein)


    Comenzaste la guardería a primeros de septiembre y tu madre nos envió unas fotos de cuando te dejó en ella y cuando fue a recogerte. Y se lo he agradecido mucho porque me han servido para conocerte mejor. Ya sabía que además de maravillosa eras muy avispada, pero desde que vi las fotos aún me lo pareces más.

    En la primera foto estás echada en el suelo con el uniforme verde claro de la guardería y tus preciosas zapatillas de color rosado obscuro o rojo, con tu barriguita hacia abajo, y con la cabeza levantada mirando a unos niños que están de pie a unos dos metros de donde tú estás. No miras para un niño que está más cerca de ti, solo, con el chupete en la boca y gesto triste, lloroso.

    Detrás de donde tú estás hay dos sillas y una gran cartel o lona pegado a la pared con este texto: "English corner". Todavía no sabes inglés pero estoy seguro que pronto lo aprenderás.

    De esta foto lo que más me ha gustado, impresionado, son tus ojos. Miras a los niños y niñas agrupados cerca de ti, posiblemente unos meses mayores que tú, con una gran curiosidad. Al ver tu mirada recordé lo que dijo Albert Einstein: "La curiosidad es la antesala del conocimiento". Los contemplas no como una chismosa, como te definió tu madre cariñosamente cuando la directora de la guardería le dijo que te definiera, sino con una enorme curiosidad. Tu madre le dijo que eras muy cotilla a la directora porque te conoce muy bien y sabe lo curiosa que eres. ¡Quién me diera saber lo que estabas cavilando en ese momento! Tal vez te preguntabas que tendrías que hacer para estar de pie como ellos o por qué ellos estaban de pie y tú echada a lo largo en el suelo.

    Y la misma curiosidad la demuestras en tu casa deteniéndote para explorar todo lo que encuentras a tu paso. Pero también por la calle. Desde tu silla, cantando, no dejas de mirar para todas las personas que pasan a tu lado, girando la cabeza hacia atrás para quedar mirando a las que más llaman tu atención. Por eso, a las personas que te ven haciéndolo les asombras y comentan con quien te acompañe en ese momento que no entienden como una niña de tu edad es tan avispada y curiosa. Como el día que estábamos celebrando el cumpleaños de tu abuela. Y en otras ocasiones, en otros restaurantes. Agradas tanto que te quedas con el personal y con los otros comensales. O cuando, al día siguiente de tu cumpleaños, estábamos con unos amigos en Juan Flórez, una céntrica calle de La Coruña, y tú no nos hacías caso porque no dejabas de mirar a un señor joven de raza negra que estaba a nuestro lado de pie pidiendo limosna. Él no dejaba de sonreírte. No me extrañó, porque tus perspicaces ojos maravillan a todo el mundo. 

   En la siguiente foto que nos envió tu madre -ojalá pudieras decirle que se compre un teléfono móvil con una cámara mejor-, también estás echada en el suelo, pero mirando al otro lado, donde estaba el niño con el chupete en la boca y que ahora no se ve. Tu mano derecha tiene cogido un juguete verde y tienes abierta tu mano izquierda como queriendo significar algo, y tus ojos tan expresivos como siempre.

    En la última, estás mirando de nuevo a los niños que están de pie y se ve al niño o niña del chupete que también está ahora echado en el suelo. Pero tú tienes la cabeza totalmente levantada y girada, y tus ojos sonríen. ¡Qué linda eres!

    A los pocos días de comenzar la guardería, fuimos con tus padres a buscarte para celebrar tu primer cumpleaños. Y ya al entrar oímos tus inconfundibles grititos. Al vernos, una vez más lo de siempre. Comenzaste a sonreír con tus ojos y a emitir tus peculiares chillidos de alegría, y a gatear hacia nosotros hasta que tu abuela te cogió en brazos. No me extraña que tu padrino esté loquito y diga que eres lo más bonito que hay en el mundo, y que tu abuela comente que eres una quita penas.

    Ya no recuerdo todas las alabanzas que tu madre me dijo que han dicho de ti las personas que te cuidan en la guardería. Que no lloras nada, que te integraste desde el primer día, que eres muy alegre y avispada… Nosotros lo sabemos desde que has nacido.

    Valentina, en este año que acabas de cumplir has hecho muy, muy, feliz a toda la familia. Te queremos y te querremos siempre muchísimo. ¡Feliz cumpleaños, patitas!

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