¿Por qué dar ventajas fiscales a la industria farmacéutica?


"El mejor médico es el que conoce la inutilidad de la mayor parte de los medicamentos" (Benjamin Franklin)

    "La Voz de Galicia" publicaba el 16 de marzo de 2014 una entrevista con Juan Iranzo, decano del Colegio de Economistas de Madrid, con el subtítulo siguiente: "El economista madrileño apuesta por dar ventajas fiscales a la industria farmacéutica para garantizar la innovación".

    E inmediatamente pensé, ¿por qué no dárselas también a los médicos? Y usted puede pensar: otro médico corporativista defendiendo su profesión. Y le respondo: "sí, defiendo a los buenos médicos, porque creo que hacen una labor mucho más importante para la sociedad que las compañías farmacéuticas". Pero puedo seguir solicitando ventajas fiscales, con la misma o mayor justificación que para la industria farmacéutica: ¿Por qué no dárselas también a los agricultores, pescadores y granjeros que sacan todos los días víveres al mercado, tan o más importantes que las medicinas, para que los ciudadanos puedan alimentarse? ¿Y por qué no a los constructores de viviendas, carreteras, ferrocarriles, coches o aviones? Es decir, ¿por qué no dar ventajas fiscales a todas las empresas “para garantizar la innovación”? Bueno, desconozco si ya se las dan a todas ellas menos a los médicos.

    Aunque soy médico, no le tengo un gran carriño a la industria farmacéutica, más bien poco, por muchísimas cosas. Algunas de estas pueden ser opiniones subjetivas, pero otras si puedo comentárselas porque son ciertas.

    Las compañías farmacéuticas siempre usan la excusa de que si se les moderan los precios de los medicamentos se ocasionará un descenso en los gastos de investigación de nuevos medicamentos. Y sin embargo se sabe que las principales compañías del sector invierten más en publicidad que en investigación. Había leído en algún sitio lo que las compañías farmacéuticas estadounidenses gastaban al año en marketing y publicidad, que incluye por supuesto agasajos e invitaciones a los médicos de aquel país, y mejor que no haya encontrado la cifra, pero creo recordar que era bastante superior al billón de dólares (creo que allí el billón es con un cero menos que en España, pero aun así parece una cifra respetable).

    Un estudio realizado en EEUU ha constatado que las principales compañías del sector se gastan el doble en publicidad que en descubrir nuevos productos. En el año que se realizó el estudio, Pfizer —una de las farmacéuticas más rentables— destinó gran parte de sus ingresos (32.259 millones de dólares) a publicidad, marketing y administración (más de 11.000 millones), y a beneficios (casi 8.000 millones). Por el contrario, gastó menos de 5.000 millones en investigación y desarrollo.

    La Asociación Families USA, que realizó este estudio en 2002, concluyó que como media las compañías analizadas destinaron el 27% de sus ingresos a marketing y publicidad, el 18% a beneficios, y sólo un 11% a la búsqueda de nuevos productos. Y además, según esta asociación, la mayor parte de los empleados de estas compañías se dedican a tareas de promoción de los medicamentos. Por ejemplo, en Merck & Co. —la compañía que más vendió en 2001, casi 48.000 millones de dólares— sólo el 15% de la plantilla realiza actividades de investigación. Durante el año 2000, esta empresa añadió 1.000 representantes de ventas únicamente en EEUU para sus operaciones. Según precisan los autores, «cuando estos datos financieros se ven en conjunto, está claro que las compañías líderes son máquinas de marketing más que casas de investigación farmacéutica».

    Sería inocente pensar que si a las compañías farmacéuticas no se le dan ventajas fiscales dejarían de intentar sacar nuevos fármacos para el tratamiento de las enfermedades. Sin prebendas fiscales, seguirían intentándolo lo mismo porque las novedades les aportan enormes dividendos.

    En mi opinión, no hay razón alguna para dar ventajas fiscales a las compañías farmacéuticas. Sí hay múltiples razones para prohibirles los agasajos e invitaciones a los médicos y que se erijan en patrocinadores de la formación continuada de estos. Las compañías farmacéuticas no son hermanitas de la caridad. Si destinan cantidades de dinero tan extraordinarias a marketing, publicidad, y “formación continuada” de los médicos, es porque los beneficios en las ventas que les revierten de todo ello son mayores. 

www.clinicajoaquinlamela.com

   


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