Cartas a mis nietas




Bienvenida, Uxía

 

“El encanto se descubre poco a poco, la belleza nos toma de sorpresa” (Sigmund Graff)

 

    Nos llamó tu madre el jueves 19 de mayo al mediodía para decirnos que había comenzado a notar contracciones y había ido al ginecólogo. Nos dijo más tarde que el ginecólogo, después de examinarla, le dijo que se fuera para casa y acudiera para ingresar en la Clínica de Maternidad Belén si las tenía más fuertes y cada cinco o menos minutos. Y nos preguntó si podíamos ir para Coruña para atender a Valentina, tu hermanita, si ella tenía que irse a la clínica para parirte.

    Todavía faltaban unos días para la fecha estimada en la debías salir del vientre de tu madre, pero parece que no estabas dispuesta a esperar más. Llegamos justo cuando tu madre se disponía a ducharse para ir al hospital, porque ahora las contracciones eran fuertes y muy frecuentes. Incluso antes de salir tuvo una muy dolorosa que me asustó, porque nunca atendí un parto. Bueno, estaba tu abuela que ya había parido a tu madre y a tus dos tíos y malo sería que no se arreglara si a tu madre le daba por parir en casa. Después de esta contracción fuerte aún se tomó un donuts enorme. Tu madre es muy fuerte, valiente, como lo son tu abuela y bisabuela.

    Te diste tanta prisa para que te viéramos que al cogerte tu mamá aún no respirabas y se llevó un buen susto, lo mismo que tu padre, pero no tardaste nada en tranquilizarlos y todo fue fenomenal. Aun así, como a los neonatólogos no les gusta correr riesgo alguno, te tuvieron en observación tres días y tu mamá tenía que bajar allí a darte el pecho cada tres horas o antes si llorabas.

    Ya vas a cumplir tres semanas cuando estoy escribiéndote y tu madre nos decía hace poco que lloras bastante y que eres muy “demandante”. Me imagino que lloras cuando tienes hambre para que te dé el pecho o porque tienes gases. Hace unos días, también llorabas cuando te llevaba en el carrito. Te canté las canciones de Amancio Prada que le cantaba a tu madre y dejaste de llorar. Pensé si sería porque te gustaban como a ella, pero como canto muy mal acabé pensando que el traqueteo del cochecito te hizo expulsar los gases y por eso dejaste de llorar.

    Hace poco le decía a Valentina, tu hermanita a la que también llamo cariñosamente patitas por lo mucho que las movía cuando era más pequeñita, que cuando nacieras debía portarse muy bien con tu madre, porque con las dos tendría mucho trabajo, sobre todo ahora, que eres tan pequeñita. Bueno, no solo ella, también tu padre. He visto cómo te mira, y me da la impresión que no le hizo ninguna gracia que ahora seáis dos, ella y una peque, como te llama, en casa junto a mami, como les llama a tu madre y a tu padre. Estoy seguro que el no mirarte bien no es porque le preocupe que tu madre y tu padre tengan ahora más trabajo.

    Cuando tu hermanita subió de la sala de partos ya tenía los ojos abiertos; tú tardaste más en abrirlos y aún los tienes casi siempre cerrados. Los abres para llorar cuando tienes hambre. No te preocupes, porque eso no quiere decir nada. Claro que ella siempre fue y es muy espabilada, y no paró ni para quieta. Qué tú vas a ser más tranquila, es pronto para decirlo, pero si fuese así, mejor, sobre todo para tus padres. Tú eras más guapa que ella al nacer. Pero ahora ella es guapísima. Eso tal vez signifique que tú aún lo vas a ser más. Ya, ya, Uxía, ya sé que eso no es lo más importante, pero la belleza en una mujer, dijo Aristóteles, es la mejor carta de presentación. Por si lo lee alguna feminista, se me olvidó decir que es lo mismo en un hombre.

    Pero sobre todo lo que quiero que tengas en cuenta es que, si alguna vez tu hermanita te hace alguna trastada, si no es importante, no se lo cuentes a tus padres. No hay nada más bonito que los hermanos se quieran mucho y no se chiven ni tengan celos entre ellos, como pasa entre tu madre y tu padre con sus hermanos. De todas formas, sé prevenida con ella, porque te camelará cuando le interese, lo mismo que ya hace con sus padres y abuelos. Te advierto, una vez más, que es muy vivaracha.

    Ayer tu abuela me decía que este último fin de semana que estuvimos en casa de tus padres no te hice caso alguno, que solo se lo hice a Valentina. Te prometo que esto va a cambiar porque estoy muy enfadado con ella. Creía que era su preferido y estaba feliz, hasta que este fin de semana me cambió por su tío padrino. Incluso cuando estuve unas horas fuera de casa y su padre me abrió la puerta, ella lo que hizo, en vez de venir corriendo a mis brazos como otras veces, fue cerrarme la puerta para que no entrara. ¿Y sabes por qué? Porque estaba jugando encantada con su tío padrino. Así que voy a hacer lo mismo. A partir de ahora solo te voy a hacer caso a ti para fastidiarla, como me fastidió a mi lo que ella me hizo.

    Y también me dijo que a los pocos días de nacer ya le había escrito una carta a Valentina. De verdad, créeme, al primer nieto, lo mismo que al primer hijo, se le presta más atención por la novedad, y menos al nacimiento de los siguientes, pero eso no significa que te vayamos a querer menos que a patitas. Puedes estar segura que toda la familia te va querer muchísimo, que tienes una hermanita -aunque ahora mi relación con ella no sea muy buena- maravillosa y unos padres insuperables.

    Cuando leas la primera carta que le dediqué a Valentina probablemente te parezca más bonita que esta. Es posible que sea así y que se deba a lo que te decía antes. Ella fue mi primera nieta y no sabía lo que era eso. Ahora ya lo sé. Y estoy encantado de ser abuelo de dos nietas maravillosas. Como lo están tus dos abuelas y el otro abuelo.

    Bienvenida, muñequita.

 
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