Las estaciones de la vida

"Evidentemente, la vida es sólo un continuo proceso de deterioro" (Francis Scott Fitzgerald)

"Aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia adelante. La vida, en realidad, es una calle de sentido único" (Agatha Christie)

    No ha dejado de llover en Galicia desde que llegó el invierno. Ha llovido todos los días de enero y sigue lloviendo en febrero. Tal vez suceda lo mismo en marzo. Pero dejará de llover. Vendrá la primavera, y luego llegará el verano. Después el otoño. Las estaciones climáticas no se detendrán. De nuevo el invierno, otro invierno.

    También en la vida hay estaciones. Pero no vuelven. Pasan y no vuelven. La que sigue al nacimiento, es la primavera. Vemos la claridad y reímos como ríe la primavera. Las noches son muy largas para nosotros, como lo son las de la primavera. Poco después nos alegramos porque los días se nos hacen más largos y las noches más cortas, como se alegra la primavera. Emocionamos a nuestros padres y familiares con nuestras sonrisas y gestos, como emociona la primavera. Aprendemos. Conocemos el amor infantil. Solo, de vez en cuando, pequeños problemas y las riñas de nuestros padres como los días fríos de la primavera Y crecemos, nos desarrollamos y engalanamos lo mismo que los árboles en primavera. Es la época de la alegría, del entusiasmo, como la primavera. ¡Cuántos recuerdos de aquellas tardes-noches de luna llena corriendo con los demás chavales por la aldea, para pillarnos unos a otros! Y de los paseos, en los atardeceres de los días festivos, por la carretera, casi sin tráfico, hablando con los otros niños y niñas. Los estudios en la escuela, después en el colegio, y por último la entrada en la universidad. Los exámenes, unas veces con mejores resultados que otras. Los primeros amores. Usted tendrá otros recuerdos, los suyos. Nuestra primavera dura hasta que hemos florecido del todo, como la primavera. Antes del final de la nuestra, el tiempo comienza a durarnos mucho. Ya deseamos que llegue el verano, nuestro verano. Lo mismo desea la primavera: que llegue el verano, porque ya ha cumplido su misión, florecer. Como también la hemos cumplido nosotros.

    Comenzamos a disfrutar de nuestro verano. Ahora ya los días se hacen más largos y las noches más cortas. Muchos de estos días trabajamos de sol a sol. Todo es más intenso, como lo es el calor del verano. Fundamos una familia. Hay un solo amor, el de la familia. Tenemos que trabajar duro para que nuestros hijos vivan lo mejor posible. Para que tengan una buena educación. No podemos ni debemos perder el tiempo, como lo perdíamos a veces en la estación anterior, en nuestra primavera. Es tiempo de trabajo. También de disfrutar con la familia, de viajar. De mostrarles a los hijos otros lugares de su país, otros países. Dura más o menos lo mismo que la primavera, pero nos pasa más rápido. Mucho más rápido. Tal vez porque todo lo que hacemos es más importante, mucho más importante, que lo que hacíamos en nuestra primavera ya pasada. Queremos detenerlo, pero no podemos. Ya notamos que llega el otoño, nuestro otoño.

    Y sabemos que nuestro otoño ha llegado porque comenzamos a notar la caída del pelo de nuestras cabezas, cómo lo saben los árboles por la caída de sus hojas. No les sucede esto a las mujeres, como tampoco les ocurre a algunos árboles perennes que conservan sus hojas todo el año. Puede ser una época de consolidación o afianzamiento de uno mismo y de la familia, según lo que te hayas esforzado en el verano de tu vida. Incluso en algunas encuestas muchos contestan que es la mejor época de la vida. Y puede serlo, pero no tiene la alegría de la primavera ni la del verano. Los días ya son más cortos y la luz de nuestra mente ya no es tan clara, como la del otoño, en comparación con nuestra primavera y verano. ¡Y cómo pasan de veloces los días! Solo parece que hay fines de semana. Tal vez la naturaleza comienza ya a prepararnos para lo que se nos avecina, la última estación. 

    Y llegamos, si la salud nos lo permite, a la última de nuestras estaciones. El invierno. Nuestro invierno, al que no le seguirá la primavera; el invierno sin primavera. Ya casi no sabemos si los días se nos hacen o no más cortos, porque nos sobra el tiempo. Nos sobra el tiempo desaprovechado, aunque es verdad que en esta nuestra última estación unos lo aprovechan mejor que otros. Muchos se pasan el día sin hacer nada: dormitando por el día y durmiendo por la noche. La sabia naturaleza, como dijimos antes, sigue preparándonos. Continúa enfriándonos el cuerpo, azulándonos la piel de las manos, los pies y la nariz, y encogiéndonos el cerebro para que nos olvidemos de que no habrá una primavera más, una segunda primavera, como la que hemos disfrutado ya hace mucho. Casi todo o todo nos importa mucho menos que antes. Las pasiones desaparecen del todo. Las emociones casi del todo. El amor, el cariño, que sentíamos por nuestros familiares y amigos es menos vehemente, probablemente menos intenso. Somos incapaces de querer como antes. Ni a nosotros mismos nos queremos como antes. Ya no esperamos una nueva primavera, porque sabemos que no la habrá. Y nos conformamos. Los días con luz son más cortos. Nos llena el día la noche. El final de esta última estación se caracteriza porque no nos interesa casi nada. Sabemos que no llegará de nuevo la luz, la alegría y el florecer de la primavera. Cerramos los ojos y nos quedamos a obscuras para siempre.

    Por favor, no se entristezca. Dentro de unos días llegará el Carnaval. Diviértase. Olvídese de lo que aquí ha leído, si ha conseguido llegar hasta el final. No era mi intención acongojarle. Recuerde lo que dijo Horacio: "Carpe Diem (aprovecha el día presente). Palabras que nos recuerdan que la vida es corta y debemos apresurarnos a gozar de ella". O lo que escribió Elbert Hubbard: "No se tome la vida demasiado en serio; nunca saldrá usted vivo de ella". Y, mejor aun, lo que dicen los filósofos: que porque hasta hoy nadie haya gozado de una segunda primavera eso no quiere decir que alguna vez no pueda suceder algo distinto. Ojalá sea usted el/la primero/a en disfrutar de una segunda primavera.

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