Incendios forestales: una psicóloga, un neumólogo y un cardiólogo explican los riesgos a corto y largo plazo
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El humo de los incendios forestales no es solo un problema respiratorio: los especialistas de Top Doctors alertan sobre el impacto en el corazón y en la mente
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Las partículas PM2.5 son 30 veces más delgadas que
un cabello humano: penetran hasta la sangre y afectan a pulmones, corazón y
cerebro pudiendo desencadenar un infarto, un ictus o una arritmia en personas
con factores de riesgo cardiovascular
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Pacientes con EPOC, asma, enfermedades coronarias,
hipertensión y fibrilación auricular, entre los grupos de mayor vulnerabilidad
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Los incendios dejan una huella emocional que puede
manifestarse con fuerza precisamente cuando la emergencia parece ya superada
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La eco-ansiedad y la sobreexposición mediática
representan también un riesgo, incluso para quienes han seguido los incendios
solo a través de pantallas
Los incendios forestales que este verano han arrasado más de 175.000
hectáreas en España, con las regiones de Madrid, Ávila, Toledo, Castellón y
Almería entre las más devastadas, han dejado un balance humano sin precedentes:
cerca de 100.000 personas evacuadas en el pico de la emergencia, más de 14
fallecidos y decenas de miles de familias que han perdido su hogar. Pero más
allá del paisaje quemado, los especialistas médicos advierten de otra
emergencia, menos visible y más duradera: el daño que el humo provoca en los
pulmones, el corazón y la mente de quienes lo han respirado. Top Doctors Group®, grupo tecnológico
líder en la transformación digital del sector sanitario y en el acceso a los
mejores especialistas médicos del mundo, reúne la valoración de tres de sus
especialistas para explicar los mecanismos de ese daño y ofrecer
recomendaciones concretas a los afectados y a quienes conviven con nubes de
humo pese a estar lejos del foco principal.
El pulmón: la primera línea de
impacto
La inhalación de humo provoca una serie de síntomas
que el Dr. Joaquín
Lamela López, neumólogo y miembro de Top Doctors Group, identifica con precisión: irritación o quemazón de ojos y garganta,
goteo nasal, tos y dificultad para respirar por broncoespasmo, que suele
acompañarse de ruidos sibilantes en el pecho. También pueden aparecer dolor
torácico, dolor de cabeza, cansancio y taquicardia.
La partícula fina PM2.5 es la principal responsable de
ese daño. "Son partículas con un diámetro igual o
inferior a 2,5 micrómetros, unas 30 veces más delgadas que un cabello humano,
lo que las hace invisibles a simple vista y altamente peligrosas. Por su tamaño
tan diminuto, superan las barreras de la nariz, la garganta y los bronquios,
llegan a los alveolos pulmonares y los atraviesan pasando a la sangre. Están
formadas por metales pesados, compuestos orgánicos y sustancias químicas
altamente nocivas", explica el Dr. Lamela.
Los pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva
crónica (EPOC) y los asmáticos son los más vulnerables. Los fumadores presentan
también mayor riesgo, ya que el humo agrava la inflamación ya existente en sus
vías respiratorias. En personas sin patología previa, las secuelas
suelen resolverse en un plazo de dos a cuatro semanas, aunque en exposiciones
muy intensas el daño puede llegar cronificarse. Y el riesgo va más allá
del corto plazo: "las investigaciones de la Sociedad Española de
Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) confirman que el impacto de las
partículas finas PM2.5 puede alterar la función pulmonar a largo plazo. Además,
el humo transporta toxinas carcinógenas como el formaldehído y el benceno, que
pueden elevar el riesgo de cáncer con los años", advierte el
neumólogo.
En lo referente a la distancia al foco, el Dr. Lamela
precisa que a pocos kilómetros del incendio el humo puede causar problemas
respiratorios severos de forma directa. A 200 kilómetros, el humo llega muy
diluido y no suele suponer un riesgo inmediato para la salud, aunque sí puede
dar lugar a cielos con tonos rojizos o anaranjados si las corrientes de aire
transportan las partículas en esa dirección.
El corazón: riesgo
cardiovascular del humo
Si bien los pulmones son la principal puerta de
entrada, los efectos del humo no se detienen en el aparato respiratorio. "Las
partículas finas PM2.5 inducen inflamación sistémica, estrés oxidativo y
alteraciones de la función vascular, además de favorecer un estado
protrombótico. Todo ello aumenta la carga sobre el sistema cardiovascular y
puede facilitar la aparición de eventos agudos en personas predispuestas",
explica el Dr. Juan
Carlos Portugal del Pino, cardiólogo y miembro de Top Doctors Group.
Esta alarma viene respaldada por la evidencia
científica. Un estudio publicado en el Journal of the American College of
Cardiology (JACC) observó una asociación entre la exposición a PM2.5 procedente
de incendios forestales y un mayor riesgo de hospitalización por enfermedad
cardiovascular, incluyendo cardiopatía isquémica, arritmias y enfermedad
cerebrovascular. "En personas con factores de riesgo o enfermedad
cardiovascular subyacente, las PM2.5 pueden actuar como
desencadenante de un infarto, un ictus o determinadas arritmias, al
aumentar la inflamación, la disfunción vascular y la tendencia a la trombosis",
advierte el especialista.
Los grupos de mayor riesgo son los pacientes con
enfermedad cardiovascular ya establecida, especialmente quienes han sufrido un
infarto, tienen insuficiencia cardíaca o enfermedad coronaria, así como
pacientes con hipertensión, fibrilación auricular, diabetes o edad avanzada.
Aunque el riesgo absoluto es menor, el Dr. Portugal indica que las personas
jóvenes y sin patología previa tampoco están completamente protegidas: "La
exposición intensa o repetida al humo puede producir efectos cardiovasculares y
respiratorios medibles incluso en individuos sin enfermedad conocida".
Desde el punto de vista deportivo, una revisión sistemática publicada en 2025
concluyó que la práctica de deportes de resistencia en entornos con elevada
contaminación puede tener efectos negativos sobre la salud cardiopulmonar,
especialmente en actividades como correr o el ciclismo al aire libre.
"El humo de los incendios no es solo un
problema respiratorio. Cada vez sabemos mejor que también supone una amenaza
para el corazón, especialmente en personas con factores de riesgo
cardiovascular. Protegerse de la contaminación es también una forma de prevenir
infartos e ictus", concluye el Dr. Portugal del Pino.
La mente: el impacto
psicológico después del fuego
Más allá del daño físico, los incendios dejan una
huella emocional que puede manifestarse con fuerza precisamente cuando la
emergencia parece ya superada. "Cuando se pierde una vivienda no se
pierden únicamente paredes y objetos. Se pierde el lugar donde se guardaban
recuerdos, vínculos, intimidad, rutinas y una parte de la propia identidad. Por
eso hablamos de un duelo real", señala Olga
Albaladejo Juárez, psicóloga experta en Bienestar y Salud Integrativa y miembro
de Top Doctors Group.
Las reacciones más frecuentes en los primeros días
incluyen aturdimiento, hipervigilancia, dificultades para dormir, irritabilidad
y culpa. "Conviene no patologizar automáticamente estas primeras
reacciones: la resiliencia no consiste en permanecer impasible ni en
recuperarse de inmediato, sino en poder ir reconstruyendo, incluso en medio del
dolor, la capacidad de vivir, decidir y avanzar", matiza la experta. Sin
embargo, sí existen señales de alerta que requieren atención profesional
inmediata: no poder dormir durante varios días, sufrir crisis de pánico
frecuentes, aislarse por completo, aumentar de forma importante el consumo de
alcohol u otras sustancias, o expresar desesperanza extrema o ideas de
autolesión. La psicóloga advierte además de que "el impacto puede
aparecer de forma demorada: al principio suele haber una gran movilización
social y mucha ayuda visible. Semanas o meses después, esa atención disminuye
mientras continúan los trámites, la falta de vivienda y las dificultades
económicas. Estos factores pueden prolongar o agravar el sufrimiento".
La eco-ansiedad y la sobreexposición mediática representan también un riesgo,
incluso para quienes han seguido los incendios solo a través de pantallas:
"El consumo compulsivo de noticias alarmantes puede crear un círculo en
el que la angustia lleva a buscar más información y esa sobreexposición aumenta
de nuevo la angustia".
Recomendaciones de los
especialistas de Top Doctors Group
1.
Permanecer en interiores cuando la
calidad del aire es mala. Seguir en todo momento las
indicaciones de las autoridades sanitarias y de protección civil, y mantener
puertas y ventanas cerradas en zonas con humo.
2.
Usar mascarilla adecuada si hay que
salir. Las mascarillas quirúrgicas no son suficientes frente
a las PM2.5. Las FFP2 o N95, bien ajustadas, ofrecen mayor protección.
3.
Evitar el ejercicio intenso al aire
libre. Durante el ejercicio aumenta la ventilación pulmonar
y, con ella, la cantidad de contaminantes inhalados. El riesgo es especialmente
elevado en personas con patología cardiovascular o respiratoria.
4.
Mantener el tratamiento habitual sin
modificaciones. Los pacientes crónicos, cardíacos,
hipertensos, asmáticos y con EPOC deben extremar la adherencia a su medicación
y consultar con su médico antes de realizar cualquier ajuste.
5.
Acudir a urgencias ante síntomas de
alarma. En el plano respiratorio: tos intensa, dificultad
para respirar o broncoespasmo severo. En el cardiovascular: dolor torácico,
palpitaciones sostenidas, falta de aire importante o pérdida de conocimiento.
En el neurológico: debilidad brusca en una extremidad, dificultad para hablar o
alteraciones visuales repentinas.
6.
Limitar la exposición a noticias e
imágenes de los incendios. Informarse en momentos concretos del
día, a través de fuentes fiables, y evitar la repetición de imágenes
angustiantes antes de dormir. Transformar la preocupación en acción concreta,
como colaborar o donar, reduce la sensación de impotencia.
7.
No minimizar el sufrimiento emocional. Escuchar sin juzgar, acompañar y preguntar "¿en qué puedo
ayudarte?" es más útil que frases como "podría haber sido peor"
o "al menos estáis vivos". Si el sufrimiento es muy intenso o
interfiere en la vida diaria, consultar con un psicólogo no es un signo de
debilidad, sino una decisión de cuidado.
"Apagar el fuego es imprescindible, pero
después queda otra tarea igualmente importante: conseguir que el paisaje vuelva
a ser habitable, también por dentro", concluye Olga Albaladejo Juárez.
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