Así se manifiesta la neumonía. Primeros síntomas a los que prestar atención

 





"Si escuchas al paciente, él te está diciendo el diagnóstico" (William Osler)





La neumonía es una infección de los pulmones. Es una enfermedad que puede afectar a las personas de cualquier edad, aunque es más seria en las personas muy jóvenes, personas mayores de los 65 años, alcohólicas, pacientes con enfermedad cardiaca congestiva, diabetes, enfermedad pulmonar crónica o un sistema inmune debilitado. En estas personas con enfermedades subyacentes puede amenazar la vida si no es tratada,

Es más común durante los meses de invierno, y ocurre más a menudo en fumadores, y en hombres que en mujeres.

La neumonía puede ser causada por una variedad de microorganismos, incluyendo virus, bacterias, y menos comúnmente hongos. La causa más común de neumonía es la bacteria neumococo.

Así como se multiplican los microorganismos, los alvéolos pulmonares se vuelven inflamados, y acumulan líquido. Estos cambios causan los síntomas de neumonía.

Los primeros síntomas más frecuentes de la neumonía incluyen escalofríos y fiebre, dolor torácico al respirar, dificultad respiratoria (disnea), aumento de la frecuencia respiratoria y cardiaca, tos con producción de esputo amarillo o verdoso; ocasionalmente teñido de sangre, y a veces nausea, vómito y diarrea. La mayor parte de las personas tienen fiebre mayor de 38º, aunque en las personas mayores puede no haber fiebre. Puede haber cambio en el estado de conciencia (confusión, pensamiento no claro).

Las características de la neumonía son diferentes de las de la infección más común, la bronquitis aguda. La bronquitis aguda habitualmente no causa fiebre, está causada por un virus y no requiere tratamiento con un antibiótico.

La neumonía es diagnosticada comúnmente con una historia médica completa, un buen examen físico (sobre todo pulmonar y cardíaco), y una radiografía de tórax. La necesidad de otras pruebas depende de la severidad de la enfermedad y el riesgo de complicaciones. La neumonía puede disminuir la cantidad de oxígeno disponible en la sangre. El nivel de oxígeno en la sangre se mide a menudo con un pulsioxímetro. En los que están más enfermos, el nivel de oxígeno puede medirse sacando una muestra de sangre de una arteria.

La evaluación de una neumonía comienza con una historia médica o entrevista. El médico preguntará que síntomas tiene y cuando comenzaron. Es importante mencionarle si ha habido fiebre, dificultad respiratoria, dolor torácico o dolor al respirar. Decía William Osler, un excelente médico canadiense del siglo pasado: “Si escuchas al paciente, él te está diciendo el diagnóstico”. Sigue siendo verdad. El examen físico incluye atención especial a los pulmones y al corazón. Las personas con neumonía a menudo tienen estertores crepitantes con la inspiración, ruidos similares al que se obtiene al frotar con los dedos un pequeño mechón de pelo, y disminución de los ruidos respiratorios en el área de la neumonía. Con la sospecha clínica y la exploración, el médico confirma el diagnostico con una radiografía de tórax, la mejor prueba para diagnosticar neumonía. Si la radiografía de tórax ofrece dudas el médico puede solicitar una TC de tórax.

Cualquiera que sospeche que puede tener una neumonía debe buscar atención médica tan pronto como sea posible. Las personas con los síntomas siguientes deben ver a su médico lo antes posible: tos con flemas que no mejora o empeora, nueva dificultad respiratoria con las actividades diarias normales, dolor torácico al respirar, sentirse peor súbitamente después de un resfriado o una gripe.

Una persona con neumonía habitualmente comienza a mejorar después de tres a cinco días de tratamiento antibiótico. La mejoría puede ser definida como sentirse mejor y tener menos síntomas, como tos y fiebre. La fatiga y una tos persistente, pero suave, puede durar hasta un mes, aunque la mayor parte de las personas son capaces de reanudar sus actividades habituales en siete días. Los pacientes tratados en el hospital pueden necesitar tres o más semanas para reanudar sus actividades normales.

La neumonía puede ser tratada con éxito sin complicaciones. Sin embargo, se pueden desarrollar complicaciones en algunos pacientes, especialmente los de los grupos de alto riesgo. Puede acumularse líquido entre la cubierta de los pulmones (pleura) y el recubrimiento interno de la pared torácica; a esto se le llama derrame pleural. Si el líquido se vuelve infectado como resultado de la neumonía (llamado empiema), puede ser necesario colocar un tubo de tórax para drenar el líquido infectado. Otra posible complicación es el absceso, una colección de pus en el área infectado con neumonía. Y bacteriemia, cuando la infección de los pulmones se extiende a la sangre. Esta es una complicación seria ya que la infección puede diseminarse del torrente sanguíneo a otros órganos.

La mayor parte de las personas se recuperan de neumonía. Puede ser fatal en algunos casos: menos del 3 por ciento de las personas que son hospitalizadas y menos del 1 por ciento de las que son tratadas en casa morirán como resultado de la neumonía o sus complicaciones.

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