¡Qué poco los queremos y cuánto los imitamos!





“La imitación es la forma más sincera de la adulación” (Charles Caleb Colton)





    No hay día que no escuche, cada vez con mayor frecuencia, decir unas personas a otras cuando empiezan o terminan una conversación: “es un placer” o “fue un placer”. Y despedirse con: “Que tengas un buen día” o “cuídate mucho”. Esto me hace recordar que las primeras veces que oí estas tres frases fue en Estados Unidos hace muchos, muchos años, cuándo todavía no se oían por aquí: “It´s a pleasure”, “have you a good day”, “take care”.
    Y me hizo pensar en otras muchas cosas que he visto por allí cuando asistí y asisto a los congresos médicos de mi especialidad en grandes ciudades de EE. UU. hace muchos años o más recientemente: los pantalones de los chicos viéndose la parte superior del culo y arrastrando la parte inferior por el suelo, los pendientes y los tatuajes en los chicos imitando a famosos jugadores de baloncesto, caminar por la calle con auriculares conectados al teléfono o a pequeños reproductores de música, ver y escribir mensajes por el móvil mientras caminan, los saludos de los jugadores de baloncesto entre ellos con el puño cerrado … Incluso recuerdo la primera vez que vi allí a algunas personas hablando por la calle con pequeños micrófonos y auriculares, que yo no veía, conectados al móvil que me hizo pensar si estarían mal de la cabeza. Ahora, aquí, veo casi todas estas cosas todos los días.
    Algunas de estas modas ya han desaparecido casi del todo, como lo de los pantalones caídos y los pendientes. Otras, como lo de oír música o lo que sea por la calle, allí se ven cada vez menos, y aquí ―me estoy refiriendo a Orense, la ciudad donde vivo― se ven cada vez más.
    Otra cosa que aquí, al menos en Orense, no ha llegado todavía es lo de sonreír cuando una persona se cruza con otra y se miran. Recuerdo ―le aseguro que no me lo invento―lo que me agradó, y tal vez incluso lo que me hizo creer, cuando una vez que asistí a un congreso hace muchos años, posiblemente la primera vez y no recuerdo ahora la ciudad americana que era, me crucé en el hotel con una mujer guapísima y me sonrió. Me duró poco la alegría porque inmediatamente me crucé con hombres y con otras mujeres menos agraciadas y mayores que hicieron lo mismo. Es una pena que esto no haya llegado a Orense. Aquí se ven muchas caras largas y muy pocas sonrisas. En Madrid ya he visto esto, aunque mucho menos que en EE. UU.
    Este pequeño escrito, ¿reflexión?, lo he titulado así porque creo haber leído que los españoles somos los europeos que peor valoramos a los Estados Unidos de América. Y es uno de los países en el que muchos ciudadanos critican todo lo americano del norte sin haber estado allí. Si esto es así, ¿por qué los imitamos tanto, posiblemente tanto o más que los ciudadanos de cualquier otro país europeo? ¿Será por lo de “cuánto más reñidos más queridos”?
    Dijo Samuel Johnson que casi todo lo absurdo de nuestra conducta es resultado de imitar a aquellos a los que no podemos parecernos.



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