Cartas a mi nieta





 
La sonrisa de tus ojos

Estábamos en tu casa,
supimos que habías despertado porque oímos tus ah!.. ah!.. ah!...
y fuimos corriendo.
Estabas de pie,
con el chupete en la boca,
moviendo la cabeza y las manos asidas a los barrotes de la cuna.
Abrimos la rejilla de la ventana lentamente,
dejando que la luz entrara pausadamente,
para que el resplandor del sol se mezclara con la radiante sonrisa de tus ojos.
Pero tus ojos relucían más que el,
porque el no sonreía,
solo se emocionaba, como nosotros, con la sonrisa de tus ojos.
Unos días después nos visitaste,
-con tus padres, por primera vez-
en la aldea donde he vivido en mi niñez.
Y la sonrisa de tus ojos enloqueció a tu abuela,
pero no solo a ella,
a todos los que te esperábamos.
Pasabas de un regazo a otro,
pero solo querías el de ella,
¡nunca podrás imaginar cuán feliz la hiciste!
Incluso temí por ella,
parecía trastornada,
no dejaba de besarte, de sonreír, de gritar de alegría.
Y tus ojazos sonrientes, relucientes, mirando sólo a ella,
haciendo lo mismo que unos meses antes conmigo,
cuando creí que sería siempre tu preferido.
Sabes Valentina, pero
 me alegré,
porque, aunque dolido,
comprendí que la cautivadora sonrisa de tus ojos tenía que ser compartida.

"Protegedme de la sabiduría que no llora, de la filosofía que no ríe y de la grandeza que no se inclina ante los niños" (Khalil Gibran)

"El lugar donde nacen los niños y mueren los hombres, donde la libertad y el amor florecen, no es una oficina ni un comercio ni una fábrica. Ahí veo yo la importancia de la familia" (Gilbert Keith Chesterton)

"Entre todas las alegrías, la absurda es la más alegre; es la alegría de los niños, de los labriegos y de los salvajes; es decir, de todos aquellos seres que están más cerca de la Naturaleza que nosotros" (Azorín)

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