Efectos adversos de la vacuna de AstraZeneca (Revisado, 8/4/2021)


 

“La penicilina por vía parenteral causa shock anafiláctico y muerte a uno de cada cien mil pacientes tratados, pero al que le toca, la frecuencia es del cien por cien” (Profesor Ramón Villarino)

 


  

    Esto, lo de la frase de la introducción, era lo que nos decía el profesor Villarino a los alumnos de tercer curso de medicina cuando nos explicaba la penicilina en la clase de farmacología.

    Hace unas tres semanas, un representante español de las vacunas en la OMS decía que los casos de trombosis venosas aparecidos después de la administración de la vacuna de AstraZeneca se producían posiblemente con la misma frecuencia que en la población general no vacunada y que no había por qué preocuparse. Lo mismo decía, por esas fechas, la directora de la Agencia Española del Medicamento. Unos días después, esta directora, cambió su mensaje y decía que se suspendía la inyección de la vacuna de AstraZeneca durante 15 días para esclarecer si estos importantes efectos adversos publicados estaban relacionados con esta vacuna. 

    He seguido oyendo a partir de esas fechas entrevistas en radio y televisión a médicos epidemiólogos y representantes de la sociedad española de vacunología (me enteré ahora qué existía esta sociedad española de vacunas) defender que, aunque estuviesen relacionados estos episodios con la vacuna de AstraZeneca, eran tan raros que no invalidaban su uso.

    Estas últimas semanas se están publicando informaciones en los medios de comunicación sobre los casos de trombosis venosas cerebrales asociados a una disminución de plaquetas en varios países después de haberse puesto los afectados la vacuna de AstraZeneca contra el coronavirus causante de la covid-19. Ayer se informaba que AstraZeneca había suspendido los ensayos con su vacuna en menores de 30 años en el Reino Unido. También ayer por la tarde el ministerio de Sanidad acordaba con las comunidades autonómicas no emplearla en las personas menores de 60 años. Hoy por la mañana oía a Carlos Herrera en la COPE decir que ha habido un total 221 incidentes y 14 o 21 muertes (no recuerdo ahora exactamente la cifra). Siguió comparando el porcentaje de estas muertes por millones de vacunas empleadas con la mortalidad del 0,2 por cien de la covid-19 y dijo que era infinitamente menor y que no había motivo para montar este revuelo ya que las vacunas eran eficaces para prevenir la covid-19.

    Dos semanas antes, y hace unos días de nuevo ponía otro ejemplo similar con otro medicamento, un comentarista en ese programa de “La mañana”, decir que había leído los efectos adversos del paracetamol, el analgésico tan prescrito, y al parecer a uno de cada mil o diez mil, no recuerdo ahora, podía causarle enfermedad renal, y que por lo tanto las vacunas, como los medicamentos, pueden tener efectos adversos y que no era para darle tanta importancia.

    Los medicamentos se deben utilizar solo después de diagnosticar la enfermedad de un paciente adecuadamente no siempre los médicos prescriben medicinas solo después de hacer un diagnóstico exacto―. El médico, antes de recetar un medicamento, debe poner en una balanza los efectos beneficiosos esperados y sus posibles efectos adversos, y si pesa más esto último en la balanza, antes de prescribirlo, debe o debería contar con la aprobación del paciente. Los medicamentos se recomiendan y emplean para tratar a personas enfermas. Las vacunas no se utilizan para tratar a personas enfermas, sino que se utilizan en personas sanas para prevenirles de una enfermedad, en este caso de la covid-19. Por lo tanto, no se pueden comparar los efectos adversos de los fármacos para tratar enfermedades con los de las vacunas para intentar evitarlas. Las vacunas, aunque no evitan totalmente la la posibilidad de infectarse por el SARS-CoV-2, pueden conseguir que si la persona vacunada se infecta y enferma la evolución de la enfermedad pueda ser de menor gravedad. La mortalidad de la covid-19 en este grupo de edad a los que se les estaba poniendo la vacuna de AstraZeneca es muy baja. Los casos publicados de muertes por trombosis venosas cerebrales y trombopenias parece que pueden estar relacionados con la vacuna y se dieron sobre todo en personas relativamente jóvenes. Si es así, aunque sean raros, a las que le ha tocado, como decía el profesor Villarino, la frecuencia es del cien por cien. Por otra parte, no todos los que no se vacunan van a padecer la enfermedad, lo mismo que sucede con los que no se vacunan de la gripe. Los vacunados de la gripe también pueden padecer la enfermedad. Si los vacunados que padecen la gripe tienen menor gravedad, menos hospitalizaciones en UCI y mortalidad no ha sido bien demostrado según la opinión de algunos expertos.  

    Ya no parece haber dudas que esos casos de trombosis trombocitopénicas inmunes están causados por la vacuna de AstraZeneca. En mi opinión, estos casos aunque raros son muy graves y habría que suspender su administración ya que hay otras vacunas tan o más eficaces que no causan efectos serios y muertes. Habría que tener presente y aprender de lo que ha sucedido con medicamentos que han sido retirados solo después de haber producido un gran número de efectos adversos muy serios, como lo ocurrido con la talidomida en el siglo pasado y también con otros muchos medicamentos (antibióticos, antiinflamatorios, anticonceptivos, psicofármacos, etcétera). Si la vacuna de AstraZeneca está relacionada, como ya se ha demostrado, con estas trombosis trombocitopénicas inmunes cerebrales y en otros lugares del sistema venoso, y sigue utilizándose causando más muertes, ¿se puede justificar su empleo cuando hay otras vacunas con igual o mayor eficacia y sin estos efectos adversos?

    En las Agencias Nacionales del Medicamento, en la Agencia Europea y en la FDA americana, puede haber miembros que tengan conflictos de intereses con las compañías farmacéuticas. Eso puede tener que ver con que a veces se tarde tanto en prohibir y retirar un fármaco de las farmacias, como sucedió con la talidomida y con muchos otros medicamentos, solo después de haber causado serios efectos adversos y muertes. El poder de las compañías farmacéuticas es tan inmenso como inadecuada su relación con médicos y organismos sanitarios oficiales de todos los países. Le decía el padre a Jack Nicholson en El honor de los Prizzi: "Hijo, en la vida todo es un negocio". ¡Qué triste! 

     Si quiere enterarse bien de este asunto, la relación inadecuada de los médicos y organismos oficiales sanitarios con las compañías farmacéuticas, le recomiendo leer “Medicamentos que matan y crimen organizado”, de Peter C. Gotzsche, declarado hace años como Mejor Libro del Año por la British Medical Association.

www.clinicajoaquinlamela.com
www.topdoctors.es/doctor/joaquin-lamela-lopez
https://saludsavia.docline.es/joaquin-lamela-lopez

 

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